El conocimiento del Chófer

chofer

Ocurrió en el año 1918. El físico Max Planck fue galardonado con el Premio Nobel y en los meses siguientes comenzó un extraordinario periplo docente ante la avalancha de la demanda formativa que le surgió en numerosas villas y ciudades de Alemania para explicar los fundamentos de la nueva mecánica cuántica.

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En su tour le guiaba un chófer que, a lo largo de los meses, se vio obligado a escuchar una y otra vez la misma lección. Con el tiempo y la convivencia, entre ambos empezó a florecer un hermosa y sincera amistad. En una ocasión, la noche previa a dar una conferencia en la ciudad de Múnich, mientras estaban sentados en la barra de un bar al calor de una generosa cerveza, el chófer le propuso al profesor lo siguiente:

“Oiga”, le dijo, “debe ser para usted muy aburrido estar contando una y otra vez el mismo cuento”. “En efecto, compañero”, le respondió Planck, “un poco aburrido sí que resulta”. “Pues, fíjese”, prosiguió el conductor, “le propongo para mañana algo diferente. ¿Qué le parece si, sólo por un día, usted y yo nos cambiamos los papeles?. Yo doy su charla de mecánica cuántica, al fin y al cabo después de tantos meses juntos ya me la sé de memoria. Y usted, si quiere, se puede poner mi gorra de chófer y sentarse en primera fila a escucharme tal y como siempre hago yo. ¿Qué le parece?” El profesor Planck levantó una ceja y sonrió. “¿Por qué no?”, le respondió. “Será divertido”.

Día siguiente, Universidad de Múnich. El público presente apenas podía contener la emoción ante la inminencia de las palabras de todo un Nobel. El salón de plenos abarrotado por las mentes más inquietas de la ciudad. Y así, a primera hora de la mañana, un chófer ofreció una lección magistral sobre mecánica cuántica delante de tan distinguida audiencia. Al acabar, un señudo profesor no pudo contenerse y rompiendo el protocolo de la época, levantó la mano y realizó una pregunta. Pausa. El conductor se le queda mirando largo rato y resuelve ufano: “Nunca habría pensado que alguien de una ciudad tan avanzada y moderna como Múnich pudiera formular una pregunta tan simple. Mi chófer se la responderá por mí”

planck (1)

La anécdota proviene de Charlie Munger, uno de los mayores inversores del mundo y socio preferente de Warren Buffett y está recogida en una obra de Rolf Dobelli (1). Según Munger, existen dos tipos de conocimiento. El primero, es el conocimiento del experto. Lo podemos apreciar en aquellas personas que han comprometido tiempo, dinero y esfuerzo en comprender algún asunto. El segundo tipo es el conocimiento del chófer, el tipo de conocimiento de la gente que recita palabras y conceptos con gran elocuencia y de manera a veces espectacular, pero de manera huera. Puede que su voz sea seductora, puede que inunden su discurso de bellas o complicadas palabras, pero en ningún caso este conocimiento es producto de una profunda y sincera reflexión, sino más bien un espectáculo impostado producto de un corta-y-pega irreflexivo. Lejos de ser anecdótico, este tipo de conocimiento es muy común: los seres humanos, en una primera intención, tendemos sistemáticamente a sobrevalorar nuestro conocimiento sobre cualquier asunto, por no hablar también de nuestra habilidad predictiva y además lo hacemos en una escala masiva (overconfidence bias).

Para el caso que nos ocupa, ¿cuánto conocimiento del chófer existe en fisioterapia? ¿cuánta adoración vemos todavía profesar a gurús y maestros de manera acrítica? ¿cuánta fisioterapia basada en la eminencia perdura hoy en gabinetes, hospitales y universidades?

A propósito de esto, el propio Warren Buffett ha acuñado un maravilloso concepto: el círculo de competencia (2). “Así“, nos explica Buffett, “lo que cae dentro de su círculo de competencia es aquello que usted comprende de manera intuitiva, mientras que lo que cae fuera del círculo de competencia es aquello de lo que sólo tiene un conocimiento parcial. En la vida, es esencial que usted descubra y distinga claramente qué comprende y qué no comprende. En realidad, no es algo dramático que su círculo sea más grande o más pequeño. Lo que es letal es que no sepa dónde está el perímetro

Munger cuenta que “cada persona tiene un círculo de competencia y en su caso particular, usted debe descubrir cuáles son sus aptitudes. Si decide entrar en un escenario en donde las demás personas tienen aptitudes de las que usted carece, va a perder. Y tenga por seguro que ésta es, sin duda, la predicción más certera sobre usted que jamás podrá hacer en la vida. Mírese al espejo, sea honesto con lo que ve y conozca cuáles son sus límites para poder jugar en no importa cuál sea el escenario, pero siempre dentro de su círculo de competencia” (3)

Como fisioterapeuta, ¿cuál es su círculo de competencia? ¿Es usted honesto consigo mismo, con sus colegas y con sus pacientes cuando aborda un caso o una discusión profesional? Cuando usted como clínico está dialogando con un paciente, no vea con tanta alegría la gorra de conductor en la cabeza del enfermo antes que en la propia. Recuerde que usted es el que sabe (más o menos) de fisioterapia, pero el que realmente sabe (y muy bien, además) del problema del paciente es el propio paciente. Si usted olvida esto y pretende saber más que él de su dolencia o discapacidad, repita conmigo: conocimiento del chófer. No ayude a fomentar el síndrome de la bata blanca en sus pacientes. ¿Y qué ocurre cuando usted cree que es sus propias ideas, se confunde con su propio discurso y se olvida que el fin último de la pedagogía sanitaria es el beneficio del paciente y no reafirmar sus propias convicciones? ¿Es usted consciente de lo que puede recibir o interpretar el paciente cuando le habla de fascias, de cerebro, de neurociencia, de cadenas musculares; de neurotransmisores, de moléculas, de vísceras, de inmunología, de suturas craneales, de músculos débiles, de puntos gatillo, de reentrenamiento o de readaptación; de vértebras que se mueven, de discos, de chakras, de energías, de emociones, de meridianos o de alimentación? ¿Asume usted todos estos relatos acríticamente en su pedagogía, simplemente por repetición de los memes profesionales de moda de una manera irreflexiva? ¿Se los expone al paciente porque está buscando mejorar su condición o tal vez porque necesita con él reafirmar su identidad como terapeuta? “Vivir es creer”, decía el médico y filósofo Laín Entralgo. Necesitamos las creencias pero ¿son las suyas fruto de una reflexión madura y reposada? En última instancia, en fin, ¿está realmente usted dentro de su círculo de competencia cuando vende ese discurso a un paciente y cuando trabaja bajo esos paradigmas? Piénselo dos veces antes de responder y procure no convertirse usted, gratuitamente, en la nueva bandera amarilla de la neuromatriz de la discapacidad del enfermo.

Esto no sólo ocurre en el ámbito clínico. Usted lo sabe muy bien: la especialización en fisioterapia está basada en gran parte en el mercado, así que si usted que me lee es docente, le pregunto ¿está seguro de conocer nitidamente el perímetro de su círculo de competencia cuando se sube al atril? Si no lo tiene claro, me permito compartir con usted el siguiente aforismo de Wittgenstein, para que lo lea a modo de mantra antes de comenzar cada clase o exposición:

“Un maestro que puede mostrar buenos resultados, o aún sorprendentes, durante el curso, no es por ello un buen maestro, pues es posible que lleve a sus alumnos, mientras están bajo su influencia inmediata, a un altura que no les sea natural sin hacerlos desarrollarse para esta altura, de tal modo que se derrumban de inmediato una vez que el maestro abandona la clase.” (4)

En fisioterapia, ¿cuántos son los docentes en el grado y el postgrado que gustan de rodearse de un halo de sapiencia y misticismo para deslumbrar a sus estudiantes? ¿Cuántos estudiantes se frustran el lunes por la mañana después del seminario del fin de semana al comprobar la enorme distancia que les separa de la demostración realizada por el profesor? ¿Es eso entonces un buen ejemplo de docencia? ¿Qué ha enseñado usted? ¿qué se quiere transmitir en la docencia clínica en fisioterapia, cómo elevarse un palmo del suelo a los ojos del paciente o cómo aproximarse al problema que le aqueja y darle herramientas de control? ¿Cuántos son los docentes que gozan todavía de recrearse en la fisioterapia basada en la eminencia, de ponerse la medalla delante de los estudiantes? Y si usted es el discente, sea honesto también consigo mismo, ¿qué ha aprendido de ese señor que sea realmente valioso para el desarrollo de su profesión? Si ése es su caso o así lo ha vivenciado en carnes, repita conmigo: conocimiento del chófer. No se deje impresionar por fuegos artificiales y luces de colores, intente ir más allá del efecto halo que pueda generar un profesor. Desarrolle su pensamiento crítico.

Así que cuídese usted bien de los charlatanes, los vendedores de humo, aquellos que seducen a las audiencias con su prosa florida o una presencia segura. Sea crítico con sus propios juicios y con los de los demás. Desarrolle su metacognición. ¿Que aún usted no tiene claro cómo diferenciar a un chófer de un verdadero experto? Dobelli nos da una excelente pista: siempre que se encuentre delante de un profesional que, en un determinado momento y ante alguna cuestión planteada, es capaz de responder diciendo: no lo sé, tenga por seguro que, independientemente de la experiencia que atesore esa persona, está usted delante de un experto. Experto no es necesariamente alguien que atesora más o menos conocimiento, sino aquella persona que se mantiene siempre dentro de los límites de su círculo de competencia.

No lo sé, la frase del experto. No lo sé, ese sintagma sencillo y hermoso que jamás escuchará de la boca de un chófer.

BIBLIOGRAFÍA

(1) Dobelli R. The Art Of Thinking Clearly. New York: Harper International Edition, 2013

(2) Bevelin P. Seeking Wisdom: From Darwin to Munger. Malmö, Sweden: PCA Publications, 2007

(3) Muger C. Poor Charlie´s Almanack. San Francisco: University of Southern California Press, 1994

(4) Wittgenstein L. Aforismos, Cultura y Valor. Barcelona: Austral Espasa Libros, 2013

Infografía: Google (fuente)

Nota bene: La historia de Planck y el Chófer fue utilizada por el autor para introducir su ponencia “La falacia mereológica de la neurociencia: ¿es el dolor una percepción cerebral?” en el III Congreso Internacional de Fisioterapia y Dolor celebrado en la ciudad de Sevilla (España) los días 16-18 de Octubre de 2014, organizado por el Ilustre Colegio de Fisioterapeutas de Andalucía y la Sociedad Española de Fisioterapia y Dolor (SEFID).  La transcribo aquí para atender con mucho gusto la petición de varios compañeros de tenerla por escrito.

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9 pensamientos en “El conocimiento del Chófer

  1. “Fisioterapia basada en la eminencia”…desde luego no lo podrías haber resumido mejor, una entrada que me ha hecho revivir tu ponencia y los días del congreso con el recuerdo de un Jordi Serra diciendo “No lo se” (y no fue el único que lo dijo).
    Siempre he pensado que el verdadero experto es aquel que se atreve a reconocer su desconocimiento de ciertas cosas, porque no se puede saber absolutamente de todo, y en ese reconocimiento de sus limitaciones reside la humildad y la grandeza de su experiencia.
    Gracias por compartir con nosotros tus “No lo se”, porque me consta que eres de esos grandes y humildes maestros.

    • Completamente de acuerdo con tu definición de “experto”. La experiencia, ante todo, es una cuestión de actitud, no de “horas de vuelo”. Muchísimas gracias Esperanza por el comentario y por tus amables palabras. Un besazo grande!

  2. No podría estar más de acuerdo contigo Edu, el problema es lo bajo que resuena el “no lo se” en determinados pedestales, pero no olvidemos que el fin económico está detrás de la mayoría de las “iluminaciones” de charlatanes de púlpito buscando la gallina de los huevos de oro. Un saludo

    • Querido Gustavo, muchas gracias por el comentario. Es fenomenal que hayas escrito, pues me acaba de venir a la mente una cosa que nos explicaste una vez en clase y que es genial: recuerdo que tú decías que a los estudiantes no había que llamarles “alumnos”, pues “alumno” es aquél que está “iluminado”, es decir, cegado por el halo del docente y refuerza el concepto de “fisioterapia basada en la eminencia”. Estudiante, discente, por el contrario, es aquél que se posiciona en el aprendizaje desde su propia reflexión y discernimiento crítico.

      Tal es el sentido de esta entrada en lo que al conocimiento del Chófer en lo que a la docencia en fisioterapia se refiere. Es inevitable el mercado en nuestra profesión, pero asumiendo esto, el mercado se compone de oferta y de demanda: el exceso de oferta “eminente” bajará en cuanto aumente la demanda de estudiantes críticos. A más alumnos, más exceso de oferta. A más estudiantes, menos exceso de oferta innecesaria. Es inevitable y esperemos que sea la tendencia en la profesión, poco a poco, ya desde las facultades.

      Muchas gracias! Un abrazo!

  3. No podría estar más de acuerdo. En el congreso de Sevilla decidí que había elegido muy bien al ir cuando escuché repetidamente a los ponentes contestar en algún momento de sus rondas de preguntas con un “No lo sé”. Requiere mucha introspección y autoevaluación saber hasta dónde llegas y dónde no has logrado llegar, al menos de momento. Algo en lo que creo que todos fallamos en algún momento, y que haríamos muy bien en trabajar.

    Un abrazo

  4. Muy buena entrada.
    El otro día viendo el vídeo de la conferencia de Sevilla me encantó la anécdota del chofer y hoy la amplias de una forma realmente interesante.
    Yo soy de los que tiene un círculo muy pequeñito y viene bien que de vez en cuando te recuerden que leer cuatro cosas no te permite ampliarlo y andar sacando los pies del tiesto.
    Muchas gracias por escribirla Eduardo

    • Estimado Pablo,
      Me alegra te haya gustado. En efecto, cuántas veces tenemos la tentación de pecar del ‘conocimiento del chofer’, sólo por repetir un copy-paste de lo que dicen otros. Debemos estar atentos a no salir de nuestro círculo de competencia. Un abrazo y gracias por tu comentario.

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