Libertad…¿libertad?


“Estamos convencidos de que la libertad religiosa constituye una de las victorias definitivas del espíritu de libertad. Pero no nos damos cuenta de que, si bien se trata de un triunfo sobre aquellos poderes eclesiásticos y estatales que prohiben al hombre expresar su religiosidad de acuerdo con su conciencia, el individuo moderno ha perdido en gran medida la capacidad íntima de tener fe en algo que no sea comprobable según los métodos de las ciencias naturales.
O, para escoger otro ejemplo, creemos que la libertad de palabra es la última etapa en la victoriosa marcha de la libertad. Y, sin embargo, olvidamos que, aún cuando ese derecho constituye una victoria importante en la batalla librada en contra de las viejas cadenas, el hombre moderno se halla en una posición en la que mucho de lo que él piensa y dice no es otra cosa que lo que todo el mundo igualmente piensa y dice; olvidamos que no ha adquirido la capacidad de pensar de una manera original —es decir, por sí mismo—, capacidad que es lo único capaz de otorgar algún significado a su pretención de que nadie interfiera con la expresión de sus pensamientos. Aún más, nos sentimos orgullosos de que el hombre, en el desarrollo de su vida, se haya liberado de las trabas de las autoridades externas que le indicaban lo que debía hacer o dejar de hacer, olvidando de ese modo la importancia de autoridades anónimas, como la opinión pública y el “sentido común”, tan poderosas a causa de nuestra profunda disposición a ajustarnos a los requerimientos de todo el mundo, y de nuestro no menos profundo terror de parecer distintos de los demás. En otras palabras, nos sentimos fascinados por la libertad creciente que adquirimos a expensas de poderes exteriores a nosotros, y nos cegamos frente al hecho de la restricción, angustia y miedo interiores, que tienden a destruir el significado de las victorias que la libertad ha logrado sobre sus enemigos tradicionales.
Por ello estamos dispuestos a pensar que el problema de la libertad se reduce exclusivamente al de lograr un grado aún mayor que aquellas libertades que hemos ido consiguiendo en el curso de la historia moderna, y creemos que la defensa de nuestros derechos contra los poderes que se les oponen constituye todo cuanto es necesario para mantener nuestras conquistas.
Olvidamos que, aun cuando debemos defender con el máximo vigor cada una de las libertades obtenidas, el problema de que se trata no es solamente cuantitativo, sino también cualitativo; que no sólo debemos preservar y aumentar las libertades tradicionales, sino que, además, debemos lograr un nuevo tipo de libertad, capaz de permitirnos la realización plena de nuestro propio yo individual, de tener fe en él y en la vida.”

In: Erich Fromm, The Fear of Freedom (1942)

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3 pensamientos en “Libertad…¿libertad?

  1. Fromm es buenísimo. Sobre el tema de la libertad, te recomiendo el ensayo de Isaiah Berlin “Dos conceptos de libertad”, fundamental. Te pego un extracto de una entrada antigua de mi blog donde expongo los trazos gruesos de esa teoría, que entronca un poco con lo que dice Fromm al final: hay dos tipos de libertad: la ausencia de restricciones (él la llama «libertad negativa») y el librarse de tus ataduras y miedos internos a través de la autorealización (él la llama «libertad positiva»). “Positiva” y “Negativa” no tienen en este caso las connotaciones de “Libertad Buena” y “Libertad Mala”, respectivamente, sino de Sustracción y Adición. (Negativo = Quitar restricciones; Positivo = sumar autorealización). La idea radical y genial de Berlin fue hacer la extrapolación de individuo a sociedad, con sistemas de gobernación política, asociando las políticas de derecha a las de libertad negativa y de izquierdas a positiva. Berlin se decanta por las negativas finalmente en su obra, por los excesos paternalistas que pueden cometer los Estados para “realizar” a la gente a la que gobiernan por encima de los intereses de la propia gente. Brillante.

    Un saludo,
    Ademar

    «La Libertad es una de esas cosas en la que parece que todo el mundo estamos de acuerdo y sin embargo es un concepto tan etéreo que parece que escapa a casi cualquier definición ¿Cuánta libertad debemos tener? ¿Acaba mi libertad al topar con la tuya? ¿Es necesario limitarla para protegerla y que progrese?

    Isaiah Berlin es una de esas personas a las que le debemos mucho por aclararnos ese concepto. La libertad, decía Berlin, puede entenderse como la ausencia de restricciones: somos libres en la medida en que nadie interfiera en nuestra capacidad para actuar como nos place. Pero al topar con la libertad de otro, le estoy negando la expansión de su libertad ¿Cómo se resuelve este conflicto? John Stuart Mill estipuló que debería permitirse a los individuos actuar de cualquier modo que no se causase perjuicio a los otros; sólo cuando se causa perjuicio existe una justificación para que la sociedad imponga restricciones. Más o menos ésta es la connotación clásica de la libertad promulgada por los liberales y Berlin más o menos también lo entendió así, y aunque desde esa fecha es la postura mayoritariamente aceptada en Occidente, no deja de plantear aspectos problemáticos. Por ejemplo, aunque la Constitución Norteamericana da libertad (ausencia de restricciones) a cualquier individuo para ser presidente de los EEUU, lo cierto es que muchos ciudadanos están excluidos porque carecen de los recursos necesarios, es decir, del dinero, de la educación y del estatus social. De alguna manera, los ciudadanos norteamericanos tienen una libertad formal pero no la libertad real para ser presidente de los EEUU. Si el Estado quiere equiparar la libertad formal a la real tendrá que invertir en eliminar las barreras de educación y estatus, es decir, intervenir, y ahí se produce una bonita paradoja que nada gusta a los liberales: dar peso al Estado. Pero Berlin da un golpe de genio al hablarnos de otra manera de entender la libertad: la libertad también puede entenderse “como una forma de estimulación que permite al individuo a realizar su potencial, alcanzar una visión particular de su realización y lograr un estado de autonomía personal y de autodominio”. Lo voy a explicar en cristiano con un ejemplo muy reciente y conocido por todos: la reciente reforma de la Lay Antitabaco. Al prohibir fumar en sitios cerrados, se ha restringido una libertad que antes se tenía (antes podía fumar, ahora no) Ése es el primer concepto de libertad postulado por Berlin, el clásico y conocido por todos. Pero si miramos la problemática desde otra óptica, los fumadores son personas esclavas del tabaco: existe un conflicto entre su conciencia racional que sabe que no deben hacerlo porque les perjudica a la salud, y el impulso del vicio que les hace volver al tabaco. El Estado, implantando una Ley así, puede ayudar a los no fumadores a dejar el tabaco. Si con ésta y otras medidas consigue que muchos ciudadanos consigan dejar de fumar, en el fondo les está librando de la esclavitud del tabaco y lo que ocurre es que en el fondo los está haciendo más libres. Aquí está la curiosa paradoja: una misma Ley puede coartar tu libertad según una óptica y hacerte más libre según otra, y es la idea revolucionaria de Berlin en su ensayo “Dos conceptos de la Libertad”.

    Pero Berlin fue más allá al extrapolar de individuo y pasar a pueblo al desarrollar su teoría. La extrapolación es sencilla: un sistema de gobernación que interprete la libertad sólo como la ausencia de las restricciones personales, comerciales, económicas etc acaba por convertirse en lo que hoy conocemos como un sistema neoliberal o de derechas, en donde en teoría todos los ciudadanos tenemos libertad formal para conseguirlo todo, pero al mismo tiempo nos damos cuenta de que no es una libertad real, porque se generan muchas barreras de entrada que de facto hacen que muchos ciudadanos no sean capaces de salvar. Unos pocos acumularán indefectiblemente más cuota de poder a costa de unos muchos en un distribución de la riqueza que ya observó Vilfredo Pareto (1843-1923) al estudiar varias sociedades europeas de su época y comprobar que la riqueza no se distribuye según una Distribución Normal (esto es: la mayoría de los ciudadanos tienen ingresos entorno a un valor medio y sólo hay unos pocos ricos y unos poco pobres; la famosa “campana”) sino que la riqueza en realidad se distribuye según una proporción 80/20: El 20% de la población posee el 80% de la riqueza. Esto parece ser una constante hasta nuestros días. Pero el extremo contrario es igualmente perjudicial, o más incluso según Berlin: un sistema de gobernación paternalista que se ampare en una excesiva protección de las personas impidiendo que se autorealicen por sí mismas y que marque las reglas y pautas de comportamiento, puede llevar a un gobierno tiránico en donde el peso del Estado es tan descomunal que podría decidir incluso lo que deberían desear las personas sin atender a sus deseos reales. Este ejemplo llevado al extremo fue la aplicación real de los terribles regímenes comunistas que se vivieron en la segunda mitad del S. XX. No olvidemos que dos de los tres grandes genocidas del pasado siglo fueron gobernadores de regímenes comunistas: Stalin y Pol Pot (el tercero en discordia fue Hitler). La libertad como una responsabilidad paternal del Estado en la realización de las personas es en cualquier caso una idea típica de la izquierda.

    Por tanto, la próxima vez que enarbolemos la palabra libertad con ligereza, deberíamos detenernos un momento a reflexionar sobre estas ideas que dan cuerpo a un concepto fundamental. Conviene hacerlo en mi opinión, porque de lo contrario de tan manido acabará por perder todo su sentido y Libertad puede convertirse en una palabra vacía carente de contenido.»

  2. Querido Ademar,

    En primer lugar agradezco tus visitas por estas aguas y en segundo, te agradezco que las enriquezcas trayendo a ellas tus reflexiones siempre brillantes. Fromm en realidad también habla de dos tipos de libertades, libertad de y libertad para. En su tesis, demuestra cómo el concepto clásico de libertad (libertad de) asociado a la lucha contra poderes externos, aboca al sujeto a un alto grado de individuación y angustia. No olvidemos que Fromm ante todo era un clínico: era lo que veía en su consulta de un país liberal como los EEUU. Por eso propone un esfuerzo en conquistar un nuevo tipo de libertad para lograr una mayor autorealización.

    Muy interesante el enfoque de Berlin. Es curioso, en lo referente al conflicto izquierda/derecha, cómo se contrapone de alguna manera a la visión frommniana. Para Fromm, el concepto de libertad de viene asociado al capitalismo y de alguna manera a la derecha política, en una tradición libertaria que, como demuestra, se entronca en la Reforma Luterana de 1517. Por lo tanto, la angustia y la individuación, que facilita la obediencia por claudicación ante el Autoritarismo es propia de estas ideologías. Fromm ensaya y propone una explicación en The Fear… del caso de Hitler (como tú dices, el tercero en discordia) partiendo de este análisis.

    Así que tenemos por un lado, que un sistema con fuerte impronta de la derecha facilita la liberación de poderes externos (“liberalismo”) pero a la vez aboca al sujeto a una angustia y grado de individuación que le hace infeliz y vulnerable al autoritarismo (Fromm); por otro lado, vemos de manera paradójica cómo un sistema de gran propensión a la izquierda y con un Estado fuertemente paternalista aniquila precisamente toda posibilidad de lograr esa libertad para una mayor autorealización frommniana (Berlin).

    Ahora comprendo por qué Fromm al final acabó abrazando el anarquismo je, je

    Un abrazo… y gracias!

  3. Pues sí, muy bien llevado el discurso Océano, para cerrar las paradojas. La única moraleja que saco de esto es que cuando alguien ponga en su discurso la palabra libertad o libertades con ligereza, atentos: hay que desconfiar.
    Un abrazo!

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