Geometrías

El señor Rail quiere construir la primera vía de tren que salga de su ciudad, Quinnipak y consulta con un técnico:

“Éste es otro tema, querido ingeniero, no hay que confundir las cosas. Como le expliqué en mi carta, mi deseo sería construir un ferrocarril de doscientos kilómetros en perfecta línea recta, y también le expliqué el porqué. La trayectoria de un proyectil es rectilínea y el tren es un proyectil disparado en el aire. ¿Sabe?, es muy hermosa la imagen de un proyectil disparado: es la metáfora del destino. El proyectil corre y corre y no sabe si matará a alguien o si acabará en la nada, pero mientras tanto corre y en su marcha ya está escrito si acabará haciendo papilla el corazón de un hombre o destrozando algún muro. ¿Comprende usted? Todo está escrito ya y sin embargo nada puede leerse…

Los trenes son proyectiles y son también metáforas exactas del destino: mucho más bellas y mucho más grandes. Por eso yo pienso que es maravilloso dibujar sobre la superficie de la tierra esos monumentos a la incorruptible y rectilínea trayectoria del destino. Son como cuadros, como retratos. Transmitirán durante años el perfil implacable de lo que llamamos destino. Por eso mi tren irá en línea recta a lo largo de doscientos kilómetros, querido ingeniero y no habrá curvas, no, nada de curvas.

Entonces, por lo que a mí respecta, usted comprenderá que no es necesario que mi tren tenga una ciudad a la que llegar, porque, en realidad, no necesita llegar a ninguna sitio: su misión será la de correr a cien por hora cruzando el mundo, en línea recta, nada más, tal y como lo hace la vida misma”

In: Tierras de Cristal. Alessandro Baricco, 1991

* * *

Hiperión, en una carta a Belarmino:

“¿Qué es lo que hace que el hombre desee con tanta fuerza?”, me preguntaba a menudo mi corazón. “La infinitud”. ¿La infinitud? ¿qué hace en su pecho la infinitud y dónde está? ¿quién la ha encontrado?”

Una cosa has de saber: el hombre quiere más de lo que puede. Esto es verdad, tú mismo lo has comprobado muy a menudo. Para los moralistas y también para las religiones, de este exceso, de esta ansia nace todo el concepto de pecado y del sufrimiento humano. Pero yo te diré una cosa: esta ansia no sólo no es mala, sino que también es necesario que exista.  Pues ello proporciona el dulce y exaltante sentimiento de una fuerza que no se expande como desearía, que es precisamente lo que hace nacer los hermosos sueños de inmortalidad y todos los amables y colosales fantasmas que fascinan mil veces al hombre; ello crea en el hombre su Elíseo y sus dioses: precisamente porque la línea de la vida no es recta, porque no vuela como un proyectil y porque una fuerza extraña a menudo se cruza en el camino del fugitivo.

Las olas del corazón no estallarían en tan bellas espumas ni se convertirían en espíritu si no chocaran con el destino, esa vieja roca muda”

In: Hiperión o el Eremita en Grecia. Friedrich Hölderlin, 1797

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s